Pensamientos sobre nuestra finitud, aceptar y trascender nuestros límites

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En algún momento de nuestra vida, solemos quedar atrapados en una secuencia que parece interminable, de días idénticos el uno al otro, cosa que quizá no sea tan mala para todo el mundo, pero si que lo es cuando son horas y horas de tiempo mal gastado en actividades que no suman nada de valor a nuestras vidas, haciendo cosas que no nos apasionan, rodeándonos de personas que no nos llevan por el mejor camino y creando malos hábitos.

A pesar de la gran época que estamos viviendo actualmente en la mayor parte del mundo, los seres humanos aún padecemos de ciertos males, que a mi modo de verlo, son inevitables, y muchas veces no corresponden ni dependen de la realidad, son el tapiz de las paredes de nuestro mundo interno, y muchas veces. solucionar dichos problemas, cambiar dichas perspectivas; es una cuestión que va más allá de simplemente leer un libro de auto ayuda, motivarnos, decirnos cosas positivas una y otra vez, etc.

Y es que al fin y al cabo, el sufrimiento, el dolor, y todas las cosas malas, son una parte fundamental de la estructura de la realidad; vivir en un mundo a la imagen y semejanza de aquél lugar que imaginamos como perfecto e ideal, sería en si mismo injusto, ya que sería una imposición al mundo que otros quieren habitar… y me atrevería a decir que en el fondo ningún ser humano es capaz de formular una realidad perfecta, porque en el fondo no somos capaces de saber a profundidad que es lo que realmente queremos, porque es un fenómeno muy complejo que traspasa las barreras de nuestra percepción, aquello que creemos querer para nuestras vidas es solo una pequeña luz que se cuela en una habitación fría y oscura, y cada paso consecutivo en búsqueda de ese mundo ideal, es equivalente a rasgar las paredes para que entre más luz, en efecto, somos capaces de derrumbar las paredes, pero nunca seremos capaces de medir la cantidad de luz ni saber con exactitud que se encuentra afuera.

Somos seres finitos, y en el reconocimiento de dicha finitud es donde radica nuestra grandeza, en entender nuestros límites y trabajar dentro de ellos para ir expandiéndolos, es entender que todo tiene un final, que solo estamos en este mundo de pasada, y hay que hacer de cada momento algo valioso.

En resumen, cada quien carga con su cruz, y al final, que hacer con dicha cruz es una decisión individual, es algo que nadie más podrá hacer por nosotros, la cooperación es fundamental, pero toda buena vida en pareja, familia, comunidad y sociedad es el resultado de una relación óptima con nosotros mismos.

Imagen: Margaret C. Cook

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